¡Cuántos años llevaba esperando ir a verla! Hace muchos años vi un documental acerca de la Toscana, cuando no sabía ni lo que era. Hablaron de Florencia y Siena, y recuerdo que me dije "tienes que verlo en persona" especialmente por Siena, porque Florencia es una ciudad italiana conocida como Roma, Milán o Nápoles. Pero Siena no, y siempre me han atraído las ciudades más pequeñas.
Si Florencia es espectacular y majestuosa, Siena es acogedora y entrañable, y sobretodo sorprendente. Il Campo es su enorme plaza central en forma de semicírculo (diseñada inspirándose en el manto de la virgen, de quien son grandes devotos) e inclinada. Lo que me sorprendió fue ver a toda la gente estirada en el suelo, mucha gente tomando notas o escribiendo postales, disfrutando de algo que se intuye único. Es enorme, y aún estando con mucha gente daba sensación de amplitud y espacio. Su Palazzo recuerda al de Florencia, con un reloj enorme donde indica también el día (nos sorprendió mucho esto) y está llena de restaurantes y heladerías donde refrescarte, todos ellos con el toldo idéntico dando sensación de unidad.


Si Il Campo tiene un aire casi campestre, el duomo de Siena es el gran contraste. Desde Il Campo se accede al duomo por su espalda, y eso hace que llegar a su fachada principal sea como un shock. Es majestuosa, y su campanile a rayas horizontales blancas y verdes es sencillamente hermoso. El interior es de las cosas más sorprendentes que he visto en mi vida: me generó una sensación muy extraña, con sus columnas a rayas horizontales como el campanile, con un suelo de mármol increíble,... Es imposible pasar indiferente dentro de la catedral. En mi caso, coincidió con una bajada de tensión que me dejó grogui unos minutos. Maria dice que viví una experiencia romántica ante algo sublime (como el síndrome de Stendhal) pero una que es mucho más terrenal opina que en realidad fue un simple mareo.



La comida la hicimos en Il Gallo Nero, un restaurante céntrico cuyo interior tiene bóvedas de estilo gótico en ladrillo, para no perdérselo. Tienen una carta muy completa de platos sin gluten, en este punto ya no era sorpresa este hecho, un restaurante sin gluten recomendado suele tener carta propia sin gluten con platos de pasta. El restaurante merece la visita por lo curioso que es y la oferta, el único pero fue la lentitud, pero sin duda alguna repetiría.